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Julio 30, 2008

2 – habla Ruben

Archivado en: el relato de los cuadros — Guillermo @ 2:21
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Ruben se veía muy interesado y yo no podía sino intentar corresponder a ese interés, aunque sabiendo que no solíamos interesarnos en lo mismo, era más un tema de esfuerzos, que de auténticos sentimientos. En cualquier caso, lo miraba con atención e iba evaluando la historia que comenzó a contarme, y que según recuerdo, era esta que ahora comienza.

En el año 2004, Ruben estaba pasando por un momento de penuria afectiva, y cuando tal es el caso, su costumbre es salir con personas que en otros momentos no miraría, cómo si mirando a quiénes habitualmente consideraría menos que él, entonces su debilidad se viese disimulada. Esto es algo que todos lo que lo conocemos sabemos bien es así, y esto es lo que posibilito que la conociese a ella.

Por cierto, Ruben no dice cómo la conoció, sino sólo dice que se vió envuelto en una relación con ella, fundamentalmente sexual, y que por cierto sólo se vieron dos veces en ese entonces. Tiendo a imaginármelo bastante tomado, y entonces viendo a esa jóven también pasada de copas, y luego siguiendo la admonición de otro amigo mutuo que gusta de esa frase que recuerda en la noche todos los gatos son pardos. Pero cualquiera fuese la forma en que se dió, el encuentro ocurrió.

Tal parece que a la segunda ocasión, la mujer se puso a mirar algunos cuadros que cuelgan en las paredes de mi amigo. Son reproducciones de Taschen, lindamente puestas tras vidrio. Ella comenzó a hablar de que tenía un amigo que pintaba, a lo que Rubén dijo que esas eran simples reproducciones. Eso mismo, dijo ella, su amigo en realidad pintaba lo mismo que pintaba otra mujer. Comprendiendo que no se le entendía mucho y que difícilmente le entendiera más, él dejó el tema por ahí.

Sin embargo pocos días atrás la había hallado otra vez. Estaba en un estado lamentable, vivía en la calle. La invitó a ir a su casa, darse un baño y comer algo. Estaba muy mal, tosía todo el tiempo, así que Ruben no se animó a intentar algo con ella. Sirvió un vino para ambos, y entonces ella mirando los cuadros, señaló con el dedo uno y preguntó

-¿Querés que te cuente la historia?

Y Ruben halló muy incivil contradecirla esta vez, y así comenzó el relato de la mujer.

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